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“La naranja mecánica”: hacia una nueva concepción del hombre

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por — 15/07/2015 — cine

Continuando la tradición de las grandes novelas distópicas inglesas de la primera mitad del siglo XX, como la deshumanizada “1984” de George Orwell o la sombría “Un mundo feliz” de Aldous Huxley, “La naranja mecánica”, escrita por Anthony Burgess (Harpurhey, Manchester, 1917 – St. John’s Wood, Londres, 1993) en 1962, comparte con los autores antes citados la preocupación por el incierto destino del hombre en un futuro más o menos inmediato, a la vez que añade otros temas que invitan a la reflexión: el libre albedrío, la alienación social, la violencia inherente al ser humano (¿reminiscencias del homo homini lupus hobbesiano?) o la capacidad de redención, que también, de una manera o de otra, se encuentran presentes en las obras de Huxley y Orwell.

A637410D-13EE-4233-B017-1AF8C2F382BA_mw800_s“La naranja mecánica” narra las andanzas de Alex, un adolescente salvaje y anárquico y su pandilla de “drugos” en un mundo ultraviolento donde campa la ley del más fuerte. Para crear una ambientación adecuada, Burguess introdujo algunos elementos que no habían aparecido con anterioridad en el género de la distopía o ficción futurista, como la jerga hablada por Alex y sus drugos, el nasdat (una mezcla del idioma ruso y otras influencias, como los juegos lingüísticos propios de la obra de James Joyce, autor al que Burguess dedicó varios ensayos), la predilección del protagonista por las sinfonías de Beethoven para alcanzar una especie de clímax psicológico, así como la aparición de un macabro humor negro que le sirve al autor inglés para retratar tanto a situaciones como a personajes.

Todos esos ingredientes, así como el extraño título de la obra, llamaron la atención del cineasta estadounidense Stanley Kubrick, que realizó una personal adaptación cinematográfica de la obra en 1971, consiguiendo uno de sus títulos más recordados (que no el mejor de ellos, para quien esto escribe).

Uno de los aspectos que más curiosidad ha despertado siempre en la crítica es el del origen del título. Las explicaciones más ofrecidas desde el año de su publicación (1962) han sido dos: una, la que dio el propio autor en el prefacio del libro, aludiendo a una vieja expresión cockney, dialecto del sur de Londres, que dice “ser tan raro como una naranja de relojería (mecánica)” (as queer as a clockwork orange). Este dialecto es también una de las referencias que tomó para la creación del nasdat. Sin embargo, Burguess vivió y trabajó durante varios años en Malasia, donde la palabra “orang” (que suena fonéticamente en inglés como “orange”, es decir, naranja) significa “hombre”, así que la visión más difundida es que Burguess estableció un juego de palabras con el título, que tendría el significado real de “el hombre mecánico”, haciendo referencia a la personalidad deshumanizada del protagonista.

Por último, mencionaremos que la cinta dirigida por Kubrick no es una reproducción exacta del libro. En concreto, el director estadounidense obvió, por desconocimiento, el último capítulo, que no aparecía en la edición norteamericana, donde Burguess ofrecía una especie de forzado “final feliz” para Alex después de experimentar en sus propias carnes las consecuencias del durísimo tratamiento “Ludovico” al que le someten para ser socialmente aceptado. Kubrick devolvió al Alex “curado” a su verdadero estado original, es decir, al previo al tratamiento, con el consiguiente enfado de Burguess, cristiano creyente.