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Trainspotting

Trainspotting: ¿pasión por vivir?

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por — 01/10/2013 — letras

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Un grupo de jóvenes, nihilistas y amorales, se entregan al éxtasis de las drogas y el sexo sin ninguna esperanza en su futuro más inmediato en el Edimburgo de finales de los 80, durante la era Thatcher. Hasta aquí, la historia que nos propone Irvine Welsh (Leith, Edimburgo, 1958) en su obra “Trainspotting” no diferiría mucho de tantos otros lamentos desencantados y existencialistas que han poblado la literatura del último medio sigl
o. Pero es en la crudeza del relato de las andanzas de Mark Renton y sus amigos yonquis, la violencia que los rodea y en la que, ocasionalmente, se sumergen, su contacto con los aspectos más sórdidos del ser humano mediante su adicción a las drogas y el anhelo de escape de una realidad deprimente a través de las mismas, todo ello narrado con una voz descarnada, trepidante, callejera y tan áspera unas veces como humana otras, donde hay que localizar la singularidad del libro de Welsh.

Novela coral –aunque destaque por encima de todos la figura de Mark Renton, un perdedor con ansias de reinserción social-, “Trainspotting”, cuyo título hace referencia a la británica costumbre de observar el paso de los trenes por las estaciones, además de, en el argot escocés, buscarse una vena para chutarse droga, es hija del “realismo sucio” de creadores como los estadounidenses Henry Miller o Hubert Selby, o del padre de esta corriente literaria, el francés Louis Ferdinand Céline. En ella, Welsh habla de la desesperanza, la locura y la paranoia de la droga lejos de cualquier intención moralista, con una sinceridad brutal, desgarradora, cuya virulencia (personificada en los desquiciados Begbie y Sick Boy) queda rebajada por el humor negro que planea sobre toda la narración y las puntuales dosis de ternura aportadas por el inocente Spud. Tales características se repetirán en la continuación de “Trainspotting”, la estimable “Porno”, que se centra en las vidas de los mismos personajes algunos años después del tiempo en el que transcurre “Trainspotting”.

trainspotting-wc_0Además del tema de las adicciones, “Trainspotting” también resulta ser un amargo retrato de la amistad que une y desune a un puñado de personas en función de lo que les conviene y lo que no (así la relación que une a Renton con Sick Boy o Francis Begbie, centrada en el mero interés, es diametralmente distinta a la que establece con Spud, donde se dibuja una amistad más desprendida) a la vez que ofrece una visión cáustica y muy negra de la era Thatcher. El libro alcanzó en su momento, 1993, un inesperado éxito comercial (una revista dijo de él que “merecía vender más ejemplares que la Biblia”) lo que permitió al desconocido Welsh iniciar una apreciable carrera literaria, con títulos como “Escoria” o “Acid house”, y dejar atrás una convulsa existencia como pluriempleado y escritor autodidacta, tras su tardío paso por la universidad.

Fue en 1996, con su traslación al celuloide, cuando el fenómeno Transpotting alcanzó su máxima popularidad. El filme, dirigido por Danny Boyle, y catapulta a la fama de Ewan McGreggor o Robert Carlyle, se ha convertido en una película de culto por su innovador estilo visual y por abordar de manera crudamente humana el mundo de las drogas y causando gran controversia en aquel momento (parecido al que actualmente está provocando Breaking Bad, otro enfoque sobre el mundo de las drogas que acaba de despedirse de la pequeña pantalla.)

“Elige la vida. Elige un empleo. Elige una carrera. Elige una familia. Elige un televisor grande que te cagas, elige lavadoras, coches, equipos de compact disc y abrelatas eléctricos. Elige la salud, colesterol bajo y seguros dentales. Elige pagar hipotecas a interés fijo. Elige un piso piloto. Elige a tus amigos. Elige ropa deportiva y maletas a juego. Elige pagar a plazos un traje de marca en una amplia gama de putos tejidos. Elige el bricolaje y preguntarte quien coño eres los domingos por la mañana. Elige sentarte en el sofá a ver teleconcursos que embotan la mente y aplastan el espíritu mientras llenas tu boca de puta comida basura. Elige pudrirte de viejo cagándote y meándote encima en un asilo miserable siendo una carga para los niñatos egoístas y hechos polvo que has engendrado para reemplazarte. Elige tu futuro. Elige la vida. ¿Pero por qué iba yo a querer hacer algo así?. Yo elegí no elegir la vida. Yo elegí otra cosa. ¿Y las razones? No hay razones. Quién necesita razones cuando tienes heroina”.

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