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Lolita: historia de una seducción

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por — 09/06/2013 — letras

Existen obras que la gente tiende a evaluar a la ligera, pasando por alto características tales como su posible complejidad, sus méritos artísticos o su variedad de significados en detrimento de opiniones infundadas y carentes, por lo general, de verdadero criterio. Sirvan estas primeras líneas para decir que fue así como saludaron los críticos europeos la aparición, en 1955, de “Lolita”, tachándola de “obscena” y “pornográfica”,lolita sin profundizar en lo que, más allá de esas superficiales interpretaciones, es: una refinada peripecia de seducción inicial que concluye en una dolorosa historia de amor perfilada, con mano maestra, por Vladimir Nabokov (San Petersburgo, 1899 – Montreaux, 1977), uno de los estetas literarios más grandes del pasado siglo o, lo que es lo mismo, uno de los escritores más inimitables y geniales de la literatura moderna.

Revisitación de una nouvelle“El hechicero”, que el propio Nabokov escribió durante sus días de ‘émigré’ en Berlín, hacia los años 30, en la que se recogía, parcialmente, una anécdota parecida, “Lolita” nació de la ácida mente del autor ruso, mientras residía en Estados Unidos, dedicado a impartir clases de Literatura Comparada en el Wellesley Collegue y a su afición por la entomología (las mariposas), y el ajedrez. A la manera de una “road movie” (aspecto éste que no parece haberse tenido en cuenta por parte de la crítica), Nabokov ofreció su particular y corrosiva visión del país yanqui, burlándose de su puritanismo y su moralidad, y retorciendo sus tópicos más destacados, a través de ese romance “incestuoso” (no olvidemos que son padrastro e hijastra) que protagonizan el sátiro Humbert Humbert y la sensual Lolita. Con ocasión del “matrimonio” que forman Humbert y Lolita, Nabokov no hace más que señalar la costumbre que existía en el sur del país de que las mujeres se casaran en edades muy adolescentes con hombres de más años (valga como ejemplo de lo dicho la boda que enlazó al músico Jerry Lee Lewis, en 1956, con la hija de un primo suyo: él tenía 22 años, ella, 13). Luego el escandaloso “incesto” por el que se ha pasado a la fama la novela en realidad no lo es tanto, ni en la forma ni en el fondo.

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“Lolita” alcanzó, con su publicación en París, una notable repercusión en Europa. Sin embargo, fue en Estados Unidos donde ha conocido una mayor celebridad, puesto que es allí donde se han hecho dos películas sobre ella: en 1962, cuatro años después de su publicación en el país americano, el controvertido y brillante realizador Stanley Kubrick, en colaboración con el propio Nabokov, creó una más o menos fiel adaptación del libro, modificando algunos episodios que, lejos de molestar al escritor ruso, le agradaron. El protagonismo de la cinta fue para James Mason, Shelley Winters, Peter Sellers y una seductora (a pesar de que tenía dos años más que la Lolita de la novela) Sue Lyon, perfecta para el papel. Treinta y cinco años más tarde, Adrian Lyne, el director de “Nueve semanas y media” realizó un remake donde los papeles principales los coparon Jeremy Irons, Melanie Griffith y Dominique Swain.

Para aquellos que, como en los años 50, todavía siguen viendo en la obra de Nabokov un libro escandaloso e inmoral les recomiendo que hagan una segunda lectura, se dejen llevar por el plástico, detallista, maravilloso y alambicado estilo del autor y descubran que, detrás de la ironía, la perversidad y la acritud, detrás de esa carcajada tan típicamente “nabokoviana”, se esconde la mueca amarga, lúcida y escéptica del dolor.

How did they ever make a movie of… Lolita??”