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‘El Nombre de la Rosa’: de la rosa no queda nada, salvo el nombre

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por — 28/05/2013 — letras

ecoEn 1980, una novela publicada en Italia por un profesor de Semiótica relativamente desconocido, Umberto Eco, que impartía clase en la universidad de Bolonia, se convirtió, de la noche a la mañana, en un auténtico “best seller”, alcanzando, en el año 2006, la cifra de quince millones de ejemplares vendidos y su traducción a treinta y cinco lenguas, aparte de premios como el Strega en Italia, o el Médicis Extranjero en Francia. La pregunta es casi retórica: ¿qué es “El nombre de la rosa” y a qué se debe su espectacular éxito?.

Respondiendo a la segunda pregunta, diremos que el texto de Eco resulta de una alta calidad literaria.Así, las desventuras de los franciscanos Baskerville y Melk en la abadía italiana donde van a parar para acudir a un concilio que condenará a una secta herética muy conocida –los fraticelli– en el s. XIV, en el que se ambienta la novela, están relatadas con una maestría y sabiduría narrativas impropias de un escritor novel (aunque Eco llevaba, por entonces, casi veinte años escribiendo ensayos). El lector puede seguir la trama mediante los empirismos de Guillermo de Baskerville (uno de los homenajes literarios que se permite Eco, en esta ocasión a Arthur Conan Doyle y su famosa novela “El perro de los Baskerville”) y los ojos asombrados de Adso de Melk, sin que la tensión decaiga un solo instante.

el-nombre-de-la-rosa1 En cuanto a la primera pregunta, el propio Umberto Eco ha manifestado más de una vez que fue escogido deliberadamente para confundir al lector, al igual que quedan confundidos y parcialmente derrotados Guillermo de Baskerville y Adso de Melk al final de sus andanzas. Tras desechar un título tan explícito como “La abadía del crimen” y no poder bautizarla como “Adso de Melk”, que era el sueño de Umberto Eco, el autor trasalpino se inclinó por la neutralidad del definitivo, toda vez que implica un juego meta-literario en el que la rica simbología de la rosa hace que el epígrafe esté sujeto a múltiples interpretaciones, tanto por parte del lector como de los protagonistas del relato.

“El nombre de la rosa” no es sólo una novela histórica de corte policíaco; también es un elaborado estudio sobre las luchas religiosas que sacudieron la Europa de la Edad Media, además de una profunda reflexión de carácter filosófico sobre la oposición entre las luces de la razón, personificadas en la figura de Guillermo de Baskerville (inspirada en el pensador medieval Guillermo de Occam), y las tinieblas de la intransigencia que encarna el monje Jorge de Burgos (el otro gran homenaje literario del libro, pues detrás de ese nombre se esconde, ni más ni menos, que el de Jorge Luis Borges).


jorgedeburgosPrecisamente, este personaje le ha valido a Umberto Eco para recibir de parte de la Universidad de Burgos el nombramiento de Doctor Honoris Causa (el pasado día 23 de Mayo), por su contribución a llevar el nombre de Burgos por todo el mundo. En su visita, Eco también tuvo oportunidad de explorar la biblioteca del monasterio de Santo Domingo de Silos, muy parecida a la de su ficción, y que alberga el códice más antiguo de Occidente.

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También debemos tener en cuenta que la repercusión de la novela de Eco fue mucho más catapultada aún gracias a la acertada adaptación del francés Jean-Jacques Annaud en una coproducción de 1986, con Sean Connery y Christian Slater como protagonistas, y secundados por F. Murray Abraham, Michael Lonsdale, o Ron Pearlman.

“Huye de los profetas y de los que están dispuestos a morir por la verdad, porque suelen provocar también la muerte de muchos otros, a menudo antes que la propia, y a veces en lugar de la propia.”

Guillermo de Baskerville

 

“El nombre de la rosa” (1986, —película completa—)

  • diego a.

    “humberto”… jijiji.