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Desayuno en Tiffany’s: Holly Golightly, solitaria

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por — 06/05/2013 — letras

Nueva York, Tiffany’s, los días rojos, las veladas, los cócteles, las visitas al tocador, los sueños por cumplir, el gato sin nombre… Y, sobre todos ellos: Holly Golightly, viajera (como así reza su buzón).

breakfast_capoteExisten pocos personajes en la literatura contemporánea que hayan quedado tan asociados a una ciudad concreta como el que perfiló Truman Capote (Nueva Orleans, 1924 – Los Ángeles, 1984) en Desayuno en Tiffany’s (o “Desayuno con diamantes”): la “call girl” que se pasa las madrugadas observando los relucientes escaparates de la célebre joyería neoyorkina, mientras pasea su soledad entre los rascacielos y encubre el vacío vital de su independencia con la fugacidad de fiestas y amantes, es ya un icono que ha rebasado los márgenes literarios para instalarse en el imaginario colectivo, gracias a la excelente adaptación cinematográfica que hiciera de él Blake Edwards en 1961.

Capote había publicado la obra tres años antes, en 1958. Para entonces había escrito guiones para películas (“La burla del diablo”, John Huston), publicado libros (“Otras voces, otros ámbitos”, “El arpa de hierba”), adaptado musicales de obras propias (“Casa de flores”) y, por si fuera poco, trabajaba ocasionalmente como cronista para The New Yorker. Había dejado, por tanto, de ser el enfant terrible de las letras estadounidenses para convertirse en toda una celebridad, y su creciente fama le permitía codearse con esa aristocracia de millonarios, estrellas de cine, famosos y otras luminarias de la que había anhelado formar parte al llegar, años antes, a Nueva York no siendo más que un desconocido adolescente de Nueva Orleans.

Marilyn_Monroe_vs_Audrey_Hepburn“Desayuno en Tiffany’s” es mucho más que una novela sofisticada, sarcásticamente irónica y profundamente amarga; es también la autobiografía oculta del propio Capote, pues son muchos los puntos en común que unen al escritor con la heroína de su libro. Tal vez por eso, y en primera instancia, Capote abominó de la versión fílmica: no le agradaba que el tándem Edwards/Axelrod (guionista) hubiese transformado ese triste canto a la individualidad que son las páginas de “Desayuno en Tiffany’s” en una comedia melodramática con lluvia, melodías de Henry Mancini, personas que encuentran su destino y un final feliz típicamente hollywoodiense que no estaba en el libro, aparte de que desaprobó el hecho de que fuera la divina Audrey Hepburn quien encarnase a su Holly Golightly, pues él había pensado en Marilyn Monroe para el papel. Más tarde sus críticas se apaciguaron, pero siguió molesto con la película.

“Desayuno en Tiffany’s” no se adscribía a las corrientes narrativas del país en su momento. Las peripecias de la joven que se buscaba a sí misma entre las luces de la ciudad que nunca duerme, su permanente anhelo de fama, glamour y riquezas que simboliza Tiffany’s (y la doble cara que eso conlleva, parece decirnos Capote) no encajaba con los Faulkner, Hemingway, Mailer, Salinger o la horda beatnik que sacudían literariamente a los Estados Unidos de los años 50. Sin embargo, eso no ha sido óbice para que, con el paso del tiempo, alcanzase una justa inmortalidad.

EmiliaClarke_BreakfastTanto es así, que hasta el pasado abril se pudo ver una nueva adaptación en Broadway (por Peter Greenberg y dirigida por Sean Mathias) con una de las estrellas de Juego de Tronos, Emilia Clarke, en el papel de Holly. Quién sabe si esta belleza británica hubiera sido del agrado de Capote…